Se la conoce como la enfermedad del olvido: el Alzheimer es la quinta causa de muerte en Argentina y afecta a más de 300.000 argentinos. A nivel mundial, la cifra supera los 44 millones de personas viviendo con demencia. En su forma más habitual, comienza con pequeños tropiezos de la memoria. Pero, como todos olvidamos cosas alguna vez, la clave está en aprender a distinguir cuándo eso deja de ser normal y empieza a ser una señal de alerta.
El 21 de septiembre se celebra en todo el mundo el Día Mundial del Alzheimer. Aquí algunas señales a las que prestar atención para detectarlo a tiempo:
- Repetir la misma pregunta varias veces. No es «no recordar dónde dejé las llaves», sino preguntar algo, recibir la respuesta, y minutos después volver a preguntarlo. ¿Por qué sucede? Porque la información nunca terminó de registrarse.
- No poder seguir una receta de toda la vida. Cocinar algo que se hizo cientos de veces, o llevar las cuentas del mes, empieza a resultar difícil. La diferencia con un despiste común —como un error puntual pagando una factura— es que acá la dificultad se repite y cuesta corregirla.
- Perderse en el propio barrio. No recordar cómo llegar a un lugar de todos los días, o confundirse de día de la semana y no lograr ubicarse después (a diferencia de quien se confunde y enseguida cae en la cuenta).
- Dejar de seguir al equipo de fútbol de siempre. Perder el interés por un hobby o una actividad social de años puede leerse como desgano, pero según investigaciones recientes esta apatía puede ser señal de que un deterioro cognitivo leve está avanzando.
- Regalar grandes cantidades de dinero. Junto con descuidar el aseo personal, es un ejemplo concreto de juicio alterado, algo muy distinto a la mala decisión ocasional que cualquiera puede tomar.
- Cambios de humor que llaman la atención. Desconfianza, irritabilidad o ansiedad en situaciones donde la persona antes se manejaba con tranquilidad, y que empiezan a notarse en el día a día.
La mayoría de los casos de Alzheimer se presenta a partir de los 65 años. Sin embargo, existe una forma de inicio temprano o precoz, menos frecuente, que afecta a personas más jóvenes. Los especialistas en rehabilitación neurológica recomiendan prestar especial atención cuando hay antecedentes familiares de la enfermedad.
Por el momento, no existe una cura para el Alzheimer ni tratamientos que logren detener su avance. Sin embargo, hay medicamentos que ayudan a controlar los síntomas y a sostener la calidad de vida por más tiempo, especialmente cuando el diagnóstico se hace en etapas tempranas. A esto se suman terapias no farmacológicas —estimulación cognitiva, actividad física, acompañamiento profesional— que también contribuyen a preservar la autonomía el mayor tiempo posible.
Por eso la detección temprana no es un detalle menor: cuanto antes se consulta, más opciones hay para actuar. Si algo de esto te resulta familiar —en vos o en alguien cercano— no lo dejes pasar: consultá con un médico o neurólogo.
Fuentes: Alz.org / Argentina; Alz.org; Alzheimer, Fleni; National Institute of Aging (NIH); Fase inicial del Alzheimer, Infobae; Los 10 síntomas del Alzheimer, Infobae;





