Es de noche y estás durmiendo plácidamente. De a poco empezás a roncar, primero suave, después más fuerte, casi como un motor que se esfuerza. Y de repente, silencio. Nada. Durante varios segundos (a veces hasta un minuto) dejás de respirar por completo, sin que nadie, ni siquiera vos, se dé cuenta. Después, un resoplido o un jadeo, y todo vuelve a empezar.
Cuando dormís, los músculos de la garganta se relajan, y en algunas personas eso hace que el espacio por donde pasa el aire se achique. El aire entonces tiene que abrirse paso a presión por un canal más angosto, y al chocar contra esos tejidos flojos los hace vibrar, como si fueran una bandera sacudiéndose al viento. Ese aleteo es, ni más ni menos, el ronquido.
El problema aparece cuando la vía se estrecha tanto que, en lugar de vibrar, se cierra del todo: ahí el aire deja de entrar y se produce una apnea obstructiva del sueño (AOS), que es quedarse sin aire una y otra vez mientras se duerme. Con el tiempo, la apnea sin tratar puede derivar en presión arterial alta, arritmias, infarto, accidente cerebrovascular y hasta muerte súbita. También multiplica el riesgo de accidentes de tránsito por el sueño acumulado, y en los niños puede afectar el crecimiento y el aprendizaje. La buena noticia es que, detectado a tiempo, tiene solución.
Síntomas a los que prestar atención
Además del ronquido, prestá atención si aparece alguno de estos síntomas:
- Pausas en la respiración mientras dormís
- Cansancio o somnolencia durante el día, aunque hayas «dormido bien»
- Dolor de cabeza apenas te levantás
- Dificultad para concentrarte
- Jadeos o sensación de ahogo en medio de la noche
- Irritabilidad sin motivo aparente
- En los chicos: problemas de conducta o bajo rendimiento escolar
La buena noticia es que hoy se investigan alternativas no invasivas para los ronquidos y apneas. Una es el dispositivo de avance mandibular: una especie de placa que se usa mientras dormís y reposiciona la mandíbula hacia adelante para destrabar el paso del aire. En un estudio reciente, la gran mayoría de las parejas de quienes lo usaron notaron una mejora notable del ronquido, muy por encima de otros tratamientos combinados. La otra es la gimnasia orofacial: ejercicios pensados para fortalecer los músculos de la lengua y la boca, que en pueden reducir la intensidad del ronquido en pocas semanas.
Ninguna de las dos reemplaza una consulta médica. Si ronca mucho o tenés apenas, lo es consultar al médico de cabecera, que según el caso hará una derivación a un especialista en medicina del sueño, un neumonólogo, un otorrinolaringólogo o, si la solución pasa por un dispositivo bucal, un odontólogo especializado en trastornos del sueño. Si quien ronca es un chico, la consulta es con el pediatra.
Fuentes: Clínica Mayo: Effects of orolingual myofunctional therapy on snoring-a randomized controlled trial Mandibular Advancement vs Combined Airway and Positional Therapy for Snoring: A Randomized Clinical Trial; Hospital Aleman.





