Entre dietas de moda y consejos virales: qué significa realmente comer bien

Bajar de peso, cuidar la digestión, entender qué es «comer bien»: las dudas sobre alimentación aparecen en algún momento en la vida de casi todos. Hoy, entre tanto consejo con poco respaldo científico dando vueltas por Instagram y TikTok, cuesta cada vez más saber en qué confiar.

Cuando las dudas acechan, mejor recurrir a quien sabe. Por eso, en el marco del Día del/la nutricionista, que se celebra cada 11 de agosto, entrevistamos a Analía Romano, del equipo de Nutrición de Ospelsym. Analía tiene más de 20 años de experiencia en nutrición clínica y alimentación institucional y, además de atender pacientes, trabaja en la planificación de menús equilibrados y en el seguimiento de la calidad alimentaria y las buenas prácticas en servicios de alimentación. 

—¿Qué tan influidas están nuestras decisiones alimentarias por las redes sociales?
Tienen una gran influencia sobre nuestras decisiones alimentarias. Existe una gran cantidad de información, pero también de desinformación, especialmente relacionada con dietas de moda, métodos restrictivos o promesas de resultados rápidos. Muchas veces estos enfoques no contemplan aspectos fundamentales como los hábitos, las preferencias, el contexto, la cultura alimentaria y la relación que cada persona tiene con la comida.
Si bien algunas estrategias pueden generar cambios a corto plazo, el verdadero desafío está en lograr hábitos que sean sostenibles en el tiempo. Por eso, es importante promover una mirada más integral de la alimentación, donde no se busquen soluciones mágicas, sino herramientas adaptadas a cada persona.

—¿Cuáles son las modas nutricionales más peligrosas que estás viendo?
Las tendencias nutricionales más preocupantes son aquellas que prometen resultados rápidos y fáciles, sin contemplar que la alimentación debe estar adaptada a las necesidades, objetivos, hábitos y contexto de cada persona.
Muchas de estas propuestas se caracterizan por ser muy restrictivas, eliminar grupos completos de alimentos o basarse en reglas rígidas que pueden ser difíciles de sostener a largo plazo. Entre ellas, planes hiperproteicos mal implementados, dietas detox, ayunos extremos o estrategias que se popularizan en redes sociales sin un adecuado respaldo científico ni seguimiento profesional.
Es importante aclarar que algunos enfoques pueden tener indicaciones específicas dentro de un contexto clínico determinado, pero el problema aparece cuando se generalizan como soluciones universales para toda la población.

—¿Cuál es la alimentación más recomendada hoy por la evidencia científica para la mayoría de las personas?
Actualmente, la evidencia científica sostiene que una alimentación saludable debe ser equilibrada, variada y sostenible en el tiempo. No se trata de restringir grupos de alimentos, sino de lograr una adecuada incorporación de todos ellos, priorizando una correcta distribución de hidratos de carbono, proteínas y grasas saludables.
También es fundamental asegurar un adecuado aporte de agua, fibra, vitaminas y minerales, a través del consumo de alimentos de buena calidad nutricional, priorizando alimentos frescos y mínimamente procesados, y reduciendo el consumo habitual de productos ultraprocesados.
Además, considero muy importante que la alimentación sea flexible y adaptable a la vida cotidiana de cada persona. Los enfoques extremadamente restrictivos suelen ser difíciles de sostener a largo plazo y pueden generar una relación poco saludable con la comida.

—¿Por qué es tan difícil sostener una alimentación saludable en el tiempo?
Porque intervienen múltiples factores. Actualmente vivimos en un contexto donde el ritmo de vida es acelerado, con mayores niveles de estrés y poco tiempo disponible para la planificación y elaboración de comidas. Esto favorece el consumo de alimentos ultraprocesados y opciones rápidas que muchas veces desplazan a los alimentos frescos preparados en el hogar.
Muchas veces la dificultad no está solamente en saber qué comer, sino en poder organizarse: planificar las compras, disponer de alimentos adecuados y generar una estructura que acompañe la rutina diaria.
Por otro lado, es fundamental considerar el componente emocional de la alimentación. En muchas ocasiones no comemos únicamente por hambre fisiológica, sino también por emociones, estrés, cansancio o determinadas situaciones. Trabajar la relación con la comida y reconocer estos factores permite construir estrategias más sostenibles.
Una alimentación saludable no debería basarse en restricciones extremas ni en cambios difíciles de mantener, sino en hábitos posibles, adaptados a cada persona y a su realidad.

—Si tuvieras que desterrar un mito sobre alimentación y dejar un único consejo, ¿cuál sería?
Uno de los mitos que más me gustaría desterrar es la idea de que para llevar una alimentación saludable o lograr un descenso de peso es necesario eliminar alimentos, pasar hambre o seguir planes extremadamente restrictivos.
Muchas personas creen que ciertos grupos de alimentos, como los hidratos de carbono, son «malos» o deben evitarse, cuando en realidad todos los grupos pueden formar parte de una alimentación equilibrada, siempre que estén adecuados a las necesidades y objetivos de cada persona.

—¿En qué momento una persona debería pedir ayuda a un nutricionista?
Muchas veces se asocia la consulta con un nutricionista únicamente con el descenso de peso o con la aparición de alguna enfermedad, pero la realidad es que la educación alimentaria es importante en todas las etapas de la vida.
No es necesario esperar a llegar a un problema específico para consultar. Un profesional de la nutrición puede acompañar a las personas a mejorar sus hábitos, aprender a organizar sus comidas, realizar mejores elecciones al momento de comprar alimentos, conocer cómo combinar los diferentes grupos alimentarios y lograr una alimentación equilibrada.
La consulta nutricional no debe verse solamente como una herramienta para modificar el peso corporal, sino como una oportunidad para prevenir, adquirir conocimientos y construir hábitos saludables que puedan sostenerse a lo largo del tiempo.

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