«Caprichoso», «distraído», «antisocial»: lo que le decimos a los chicos cuando no entendemos cómo funciona su cerebro

En los últimos años empezó a aparecer una palabra nueva en conversaciones, redes sociales y escuelas: neurodivergencia. Ser neurodivergente -lo contrario a “neurotípico”- quiere decir que el cerebro procesa la información de una manera diferente al promedio. 

Aunque para muchos el concepto todavía resulte nuevo, lo cierto es que es mucho más común de lo que se imagina: se estima que entre el 15% y el 20% de la población podría serlo.

Ser neurodivergente no es raro ni marginal. Lo que ocurre es que durante mucho tiempo estas diferencias se describían únicamente en términos de trastornos o diagnósticos aislados. Recién desde 1998 empezó a difundirse la idea de diversidad neurológica, que propone mirar estas diferencias como distintas formas de funcionamiento del cerebro.

¿Cómo son las personas neurodivergentes? Imposible generalizar, pero muchos de ellos:

  • perciben detalles que otros pasan por alto,
  • pueden tener una gran capacidad de concentración en temas que les interesan (lo que se conoce como hiperfoco),
  • tienen mayor sensibilidad a estímulos como ruidos, luces o texturas,
  • o presentan formas diferentes de aprender, comunicarse o relacionarse.

Es importante tener en cuenta que tener alguno de estos rasgos no significa necesariamente ser neurodivergente. Muchas de estas características también pueden aparecer en personas neurotípicas. Además, la neurodivergencia no se puede determinar a partir de una lista de rasgos sino que requiere de la evaluación de profesionales especializados.

La “neurodivergencia” es un paraguas amplio que incluye distintos diagnósticos del neurodesarrollo, como:

  • el autismo (del cual el 2 de abril se conmemora el Día Mundial de Concientización),
  • el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH),
  • la dislexia (dificultad en el aprendizaje de la lectura o la escritura),
  • la dispraxia (dificultades en la coordinación motora),
  • la discalculia (dificultad para comprender conceptos matemáticos),
  • y el síndrome de Tourette, caracterizado por tics motores y vocales involuntarios.

¿Cómo se puede acompañar a niños y adultos neurodivergentes

En el caso de los niños, el primer paso para acompañarlos es no etiquetarlos, sino reconocer que no todos los cerebros funcionan de la misma manera. Algunas claves prácticas pueden ayudar mucho en el día a día:

1. Evitar etiquetas simplistas. Palabras como «caprichoso» o «distraído» muchas veces tapan otra explicación: un chico que evita el recreo puede estar saturado por el ruido, no estar siendo difícil.
2. Anticipar los cambios. Avisar con tiempo cuando una actividad está por terminar, explicar los pasos uno a uno o usar recordatorios visuales ayuda a que el niño se sienta más seguro.
3. Cuidar el nivel de estímulos. Ambientes muy ruidosos o con mucha gente pueden resultar abrumadores. Ofrecer pausas en un lugar tranquilo marca una diferencia.
4. Preguntar cómo experimenta el mundo. En lugar de interpretar desde la lógica adulta, escuchar al chico aporta información valiosa: puede decir que ciertos ruidos «le duelen» o que necesita terminar algo antes de arrancar otra cosa.
5. Potenciar sus fortalezas. Los intereses profundos no son una obsesión: muchas veces son una puerta de entrada al aprendizaje.

En la adultez, muchas personas ya desarrollaron estrategias para manejar sus diferencias, pero todavía pueden encontrarse con entornos poco comprensivos. Algunas formas de acompañar incluyen:

  1. Ser claros en la comunicación Las indicaciones ambiguas pueden generar confusión.
  2. Respetar distintas formas de interacción. Algunas personas pueden necesitar más tiempo para responder, evitar el contacto visual o preferir comunicarse por escrito en lugar de hacerlo verbalmente. Eso no significa desinterés, sino otra forma de procesar la interacción social.
  3. Valorar las habilidades específicas. Muchas personas neurodivergentes destacan en áreas como pensamiento analítico, detección de patrones, atención al detalle y concentración profunda en temas de interés.

Hablar de neurodivergencia es reconocer que los cerebros no funcionan todos igual, y que eso no es un defecto. Entender cómo procesa el mundo la persona que tenemos al lado —un hijo, un compañero de trabajo, un amigo— es el primer paso para acompañarla de verdad.

Fuentes: Unicef; Cleveland Clinic; Asociación Argentina de Padres de Autistas. Unraveling Neurodiversity: Insights from Neuroscientific Perspectives; Diamundialdelautismo.com

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