Dar de mamar: las dudas más frecuentes, explicadas

Si acabás de ser mamá, seguro tenés mil preguntas sobre la teta y la alimentación de tu bebé. Tu instinto no falla: es un tema clave. Tanto que cada año, del 1 al 7 de agosto, se celebra la Semana Mundial de la Lactancia Materna.

¿Estará tomando suficiente leche? ¿Es normal que quiera prenderse todo el tiempo? ¿Y si me duele? Si te hacés estas preguntas, la respuesta es la misma: es normal. Y a dar la teta se aprende, con tiempo, paciencia y acompañamiento.

Durante los primeros seis meses, la leche materna le da al bebé toda la energía, las proteínas, las grasas, las vitaminas y los minerales que necesita para crecer. Además, lo protege: aporta anticuerpos que reducen el riesgo de infecciones respiratorias, diarreas y otras enfermedades frecuentes en la primera infancia. Los bebés amamantados incluso tienen menos probabilidades de desarrollar obesidad y diabetes en la adultez.

Y hay más: amamantar también te cuida a vos. Ayuda a la recuperación después del parto y reduce el riesgo de cáncer de mama y de ovario.

Mucho más que leche

¿Notaste que tu bebé se calma apenas lo apoyás sobre el pecho? No es casualidad. El contacto piel con piel regula su temperatura, su respiración y su ritmo cardíaco, lo hace sentir seguro y facilita el inicio de la lactancia.

Lo ideal es empezar a amamantar dentro de la primera hora de vida. Ahí aparece el calostro, esa primera leche amarillenta cargada de defensas que protege al bebé mientras su sistema inmunológico todavía se está formando.

¿Cada cuánto hay que darle la teta? Cada vez que la pida. En las primeras semanas, es normal que quiera prenderse entre ocho y doce veces por día, a veces más. Si se lleva las manos a la boca, se chupa los dedos o mueve los labios, probablemente ya te esté pidiendo comida. Un consejo: no esperes a que llore, porque eso complica la toma para los dos.

Prepararse para un momento único

No hay una única forma «correcta» de amamantar. Lo importante es que vos y tu bebé estén cómodos.

  • Buscá una posición cómoda. Apoyá bien la espalda y usá almohadones si los necesitás.
  • Acercá el bebé al pecho, no el pecho al bebé. Así evitás tensión en la espalda y el cuello.
  • Fijate que esté bien prendido. Su boca debe cubrir buena parte de la areola, no sólo el pezón. Una buena prendida facilita la salida de la leche y previene el dolor.
  • Probá distintas posiciones. Variarlas ayuda a vaciar mejor el pecho y hace las tomas más cómodas.
  • Dale la teta cada vez que la pida. La lactancia funciona por oferta y demanda: cuanto más succiona el bebé, más leche produce el cuerpo.
  • No estás sola. La lactancia no es tarea exclusiva de la mamá: la familia puede ayudar con la casa, alcanzar un vaso de agua o simplemente acompañar. Ese sostén también es parte del éxito.

Cuando la lactancia no es posible

La leche materna es el mejor alimento para un bebé, pero hay situaciones —de salud de la mamá, del bebé, o de otro tipo— en las que no se puede dar. En esos casos, no hay lugar para la culpa: lo que importa es que el bebé reciba una alimentación segura y adecuada para crecer sano.

Si la lactancia no es posible, el pediatra va a indicar la fórmula infantil más apropiada y explicará cómo prepararla, respetando siempre las medidas de higiene. En algunos casos, también puede recomendarse combinar el pecho con un aporte extra de leche.

Cada mamá y cada bebé son distintos. Ante cualquier duda, lo mejor es consultar temprano con el pediatra o con un especialista en lactancia.

Fuentes: Organización Mundial de la Salud (OPS); Alianza Mundial pro Lactancia Materna (WABA); Argentina.gob.ar; Mayo Clinic

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