¿Vivís con el cuello duro? No lo naturalices: tiene solución

A veces es como tener un elefante sentado sobre los hombros. Otras, una aguja que se clava justo en la nuca. También se siente un ardor persistente que no cede, y unas ganas irresistibles de estirar el cuello hasta el infinito porque la tensión ya no se aguanta más. Si alguna de estas sensaciones te resulta familiar, probablemente hayas tenido —o tengas ahora mismo— una contractura cervical.

Una contractura cervical ocurre cuando los músculos del cuello se tensan y, simplemente, se niegan a relajarse. Esa tensión comprime los pequeños vasos que irrigan el músculo, lo que dificulta la circulación y alimenta aún más la contractura: un círculo vicioso que puede volverse crónico si no se trata.

Los músculos más afectados suelen ser el trapecio y el elevador de la escápula. Los síntomas van mucho más allá del cuello rígido. Incluyen dolor que se irradia hacia los hombros y la parte alta de la espalda, dolores de cabeza (especialmente en la base del cráneo), mareos, y en los casos más intensos, hormigueo y adormecimiento en los brazos y manos por compresión de nervios cervicales.

Se estima que entre el 71% y el 80% de la población experimentará dolor de cuello en algún momento de su vida. Aproximadamente el 15% de los casos de cervicalgia se vuelven crónicos cuando no reciben el tratamiento adecuado. 

Y sí… el celular tiene que ver

Cuando inclinás la cabeza 60 grados para mirar la pantalla, tu columna cervical soporta el equivalente a 27 kilos. En posición neutral, ese peso es de apenas 5 kilos. Esa postura repetida durante horas cada días obrecarga los músculos hasta que colapsan en contractura.

Pero no es solo tecnología. El estrés y la ansiedad hacen que los músculos del cuello se contraigan como respuesta automática al estado de alerta permanente. En muchas personas, la tensión emocional impacta físicamente en el cuello y los hombros. También influyen las malas posturas al trabajar, los movimientos repetitivos, el sedentarismo y, en algunos casos, puede deberse a un golpe brusco como el latigazo cervical en un accidente.

Cómo salir del círculo vicioso

La buena noticia: tiene solución. La fisioterapia es una de las herramientas más eficaces: mediante masajes, aplicación de calor y trabajo de movilidad, ayuda a romper la contractura y restaurar el flujo sanguíneo. Los ejercicios en el agua también son una excelente opción, ya que el medio acuático reduce la carga sobre la columna y facilita el movimiento.

En casa, duchas de agua caliente a presión sobre el cuello y los hombros durante 10 a 15 minutos, seguidas de movimientos suaves de flexión y rotación, pueden ser un gran alivio diario. El calor seco local —con una almohadilla eléctrica— también ayuda cuando el dolor aprieta durante el día.

Si el dolor lleva más de dos semanas, si se irradia hacia los brazos, si viene acompañado de mareos frecuentes o no mejora con reposo, es momento de consultar a un traumatólogo o fisioterapeuta. 

Fuentes: Clínica Mayo; Clínica Universidad de Navarra; MedlinePlus; Saludonnet.com

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