Un tropezón con una alfombra, un piso mojado, una escalera mal iluminada. Situaciones tan cotidianas que parecen inofensivas, pero que en las personas mayores pueden tener consecuencias serias. Las caídas son el accidente doméstico más frecuente en este grupo y, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), representan la segunda causa mundial de muerte por traumatismos no intencionales. Los mayores de 60 años son quienes corren más riesgo de sufrir lesiones graves.
La buena noticia es que la mayoría se puede prevenir. Y el primer paso es entender algo clave: caerse no es una parte inevitable de envejecer.
¿Por qué aumenta el riesgo con la edad?
No hay una sola causa responsable del aumento de caídas cuando nos hacemos más grandes, sino una combinación de factores:
- Menor fuerza muscular y equilibrio.
- Problemas de visión o audición.
- Enfermedades que afectan la movilidad.
- Medicamentos que provocan mareos o somnolencia (cuantos más se toman, mayor el riesgo).
- Obstáculos en la casa que muchas veces pasan inadvertidos: cables, alfombras, muebles mal ubicados, poca luz.
Más allá de las causas personales, es útil saber dónde ocurre la mayoría de las caídas para intentar modificar el lugar. Casi siempre en el propio hogar. Los espacios más riesgosos son el baño, por sus pisos húmedos y falta de puntos de apoyo; las escaleras y pasillos mal iluminados; el dormitorio, sobre todo cuando la persona se levanta por la noche; y la cocina, si hay líquidos derramados o pisos resbaladizos.
Prevenir no siempre implica una reforma. Muchas veces alcanza con cambios simples. Por ejemplo:
- Retirar alfombras sueltas.
- Mantener despejados los lugares de paso.
- Mejorar la iluminación, sobre todo en pasillos y escaleras.
- Instalar barras de apoyo en el baño y pasamanos en las escaleras.
- Guardar los objetos de uso frecuente a una altura accesible (nada de subirse a sillas o banquetas).
- Usar calzado con suela antideslizante.
- Secar de inmediato cualquier líquido derramado en el piso.
Ejercitarse y no temer
La actividad física es clave para fortalecer los músculos y mejorar el equilibrio, lo que reduce notablemente el riesgo de caídas. Algunas opciones recomendadas por los especialistas son:
- Caminar.
- Entrenamiento de fuerza adaptado.
- Yoga o tai chi.
A esto se suman los controles periódicos de vista y audición, la revisión de la medicación junto al médico, y algo fundamental: consultar después de una caída, incluso si no hubo lesiones aparentes. Puede ser la primera señal de un problema de salud que necesita evaluación.
Después de una caída, es común que la persona deje de caminar, hacer actividad física o salir de su casa por temor a repetir la experiencia. El problema es que esa menor actividad debilita todavía más el cuerpo y aumenta el riesgo de una nueva caída. Romper ese círculo —con acompañamiento médico y un plan de actividad física adecuado— es clave para conservar la autonomía y la calidad de vida.
Otros riesgos del hogar
Las caídas son las más frecuentes, pero no los únicos accidentes domésticos. Quemaduras, intoxicaciones por medicamentos o productos de limpieza, incendios e inhalación de monóxido de carbono también pueden prevenirse con medidas simples. Revisar periódicamente la seguridad del hogar y consultar al médico ante cualquier cambio en la salud son pasos clave para un envejecimiento más seguro e independiente.
Fuentes: Argentina.gob.ar; Organización Mundial de la Salud (OMS); Pami; National Institute on Aging (NIH); Guía de prevención de accidentes de las personas mayores, España;





