Hepatitis: el virus que vuelve a preocupar y la vacuna que muchos adultos no tienen

Aunque suele pensarse como una enfermedad bajo control, la hepatitis volvió a ganar terreno en la agenda sanitaria del país. Los de hepatitis A crecen y lo hacen, sobre todo, en un grupo específico: los adultos jóvenes de entre 20 y 39 años, que quedaron fuera de la vacunación obligatoria vigente desde 2005.

Mientras los chicos están protegidos gracias al calendario nacional, hay una generación de adultos que nunca recibió esa vacuna y que hoy explica buena parte del repunte. 

¿Qué es la hepatitis?

La hepatitis es la inflamación del hígado, causada en la mayoría de los casos por una infección viral. Existen cinco virus principales —A, B, C, D y E— y, aunque todos afectan al mismo órgano, cada uno se comporta distinto: cambia su forma de contagio, su gravedad y su tratamiento.

No es un tema menor: a nivel mundial, el 57% de los casos de cirrosis hepática y el 78% de los casos de cáncer de hígado se deben a infecciones por hepatitis B o C. En América Latina, más de 10 millones de personas viven con alguna hepatitis viral, pero solo el 23% está diagnosticada.

¿Quiénes están más expuestos?

  • Bebés recién nacidos de madres con hepatitis B.
  • Personas que conviven en espacios cerrados con poca higiene (guarderías, hogares de tránsito, colegios), por hepatitis A.
  • Personal de salud y de laboratorio.
  • Personas con relaciones sexuales sin protección.
  • Quienes usan drogas inyectables y comparten material.
  • Personas con enfermedad hepática crónica o trastornos de coagulación.
  • Personal gastronómico y de maestranza que maneja residuos.
  • Adultos jóvenes no vacunados (el grupo que hoy explica el repunte en Argentina).

Los tipos de hepatitis y cómo se transmite cada uno

  • Hepatitis A: se transmite por alimentos o agua contaminada con el virus. Se contagia con más facilidad en lugares cerrados.
  • Hepatitis B: se transmite por contacto con sangre contaminada, relaciones sexuales sin protección, transfusiones, uso de drogas inyectables con material compartido, o de madre a hijo durante el embarazo.
  • Hepatitis C: se transmite principalmente por exposición a sangre infectada: inyecciones o procedimientos médicos poco seguros, transfusiones sin analizar y uso compartido de agujas entre personas que se inyectan drogas. También puede transmitirse de una madre infectada a su bebé y por prácticas sexuales con exposición a sangre, aunque estas vías son menos frecuentes.
  • Hepatitis D: se da sólo en personas que ya tienen hepatitis B. Se transmite por contacto con sangre o fluidos corporales infectados y, con menor frecuencia, por vía sexual o de madre a hijo. 
  • Hepatitis E: se contagia por vía fecal-oral, principalmente a través de agua contaminada.

Las consecuencias varían mucho según el tipo. La hepatitis A suele resolverse sola, pero en casos graves puede derivar en insuficiencia hepática aguda, con alta mortalidad y necesidad de trasplante. La hepatitis B es más riesgosa en niños y personas inmunocomprometidas, porque puede volverse crónica y derivar en cirrosis o cáncer de hígado. La hepatitis C también puede cronificarse de forma silenciosa durante años. Y la coinfección con hepatitis D es, según la OMS, la forma más grave de hepatitis viral crónica, con evolución más rápida hacia cáncer de hígado y muerte. La hepatitis E, en cambio, suele ser autolimitada, aunque puede ser grave en embarazadas. 

Muchas personas infectadas no presentan ningún síntoma, lo cual contribuye a que el virus circule sin ser detectado. Cuando aparecen, los más comunes son:

  • Fiebre
  • Náuseas y vómitos
  • Pérdida de apetito
  • Cansancio
  • Dolores musculares, articulares o de estómago
  • Diarrea
  • Piel u ojos amarillos (ictericia)
  • Orina oscura y materia fecal blanquecina

El tratamiento depende del tipo de hepatitis. En las formas agudas, muchas veces se indica reposo, hidratación y control médico. En los casos crónicos, especialmente hepatitis B y C, puede ser necesario un seguimiento prolongado y tratamientos específicos para evitar daño hepático.

Cómo se previene: la vacunación

En Argentina, las vacunas contra hepatitis A y B son gratuitas, obligatorias y universales, y se aplican en cualquier hospital o centro de salud público.

  • Hepatitis A: dosis única al año de vida. También se recomienda para grupos de riesgo (personal de salud, gastronómico, de jardines maternales, viajeros a zonas de alta endemia, entre otros), con orden médica.
  • Hepatitis B: una dosis dentro de las primeras 12 horas de vida, más tres dosis combinadas (pentavalente o séxtuple) a los 2, 4 y 6 meses, y un refuerzo entre los 15 y 18 meses. Es obligatoria para cualquier edad desde 2012, sin necesidad de orden médica; quienes no la recibieron de chicos pueden completar el esquema de adultos.
  • Hepatitis D: no tiene vacuna propia, pero al depender de la hepatitis B, vacunarse contra esta última también previene la D.
  • Hepatitis C y E: por el momento no forman parte del Calendario Nacional de Vacunación argentino.

Más allá de la vacuna, ayuda lavarse las manos antes de comer y después de ir al baño, consumir agua potable (hervida si hay dudas), no compartir objetos personales como cepillos de dientes o agujas y usar métodos de barrera en las relaciones sexuales.

La clave sigue siendo la misma: detectarla a tiempo. Por eso, siempre consultá a tu médico. 

Fuentes: Día mundial contra la hepatitis, Argentina.gob,ar;  Medline Plus; Hepatitis A, Organización Mundial de la Salud;  Academia Nacional de Medicina Buenos Aires; La hepatitis A y E reavivan la alerta sanitaria en Argentina, Infobae.

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