No es chiste: la ciencia dice que la risa alivia el estrés (y acá te decimos cómo)

Reírse hace bien. No lo dice un comediante, lo dice la ciencia. Desde una sonrisa tímida hasta una carcajada que saca lágrimas, el simple acto de reír tiene efectos reales y medibles en el cuerpo y la mente. ¿El mecanismo? Cuando nos reímos liberamos endorfinas —esas sustancias que generan placer y actúan como analgésicos naturales— y bajamos los niveles de cortisol, la hormona del estrés.

Los adultos —que nadie necesita aclarar que vivimos estresados— nos reímos un promedio de 18 veces por día. No está mal. Pero cualquiera que haya pasado un rato con un nene sabe que ellos nos ganan por lejos. ¿Por cuánto? Nadie lo sabe con certeza, pero lo que sí está claro es que en algún punto del camino perdemos el hábito. Y según la ciencia, vale la pena recuperarlo: reírse, aunque sea un poco, tiene efectos reales y medibles sobre la salud.

Dos estudios recientes lo confirman. Un análisis reciente revisó varias investigaciones sobre el tema y encontró que reírse de forma espontánea —viendo algo gracioso o compartiendo un momento divertido con otros— reduce el cortisol, y que basta con una sola sesión para notarlo. El otro estudio, realizado en Japón en 2025, mostró que después de ver un video cómico, los participantes no solo estaban de mejor humor: también se concentraban mejor y mostraban señales fisiológicas de menor estrés en comparación con quienes habían visto un video neutro.

Pero, ¿qué pasa exactamente en el cuerpo cuando nos reímos? Primero, hay un efecto inmediato: mejora la toma de oxígeno, estimula el corazón, los pulmones y los músculos, y activa las endorfinas. También hay un efecto sobre el estrés que es casi paradójico: la risa primero nos «enciende» —sube un poco la frecuencia cardíaca y la presión arterial— y después las baja, dejando una sensación de relajación. Es como un reseteo.

A largo plazo, los beneficios se acumulan. Reír con regularidad fortalece el sistema inmunitario, mejora el estado de ánimo, reduce la ansiedad y la depresión, y hasta ayuda a tolerar mejor el dolor. No es magia: los pensamientos positivos generan reacciones químicas concretas en el cuerpo que contrarrestan los efectos del estrés crónico.

Y después está la dimensión social. La risa es profundamente contagiosa —cuando escuchamos reír a alguien, nuestro cerebro se prepara automáticamente para entrar en ese estado— y es uno de los lazos más poderosos entre las personas. Reírnos juntos genera empatía, confianza y recuerdos compartidos que fortalecen cualquier vínculo.

Cómo entrenar el sentido del humor

La Clínica Mayo tiene algunas recomendaciones concretas para incorporar más risa a la vida cotidiana:

  • Rodeate de humor. Colgá fotos graciosas, tené a mano series, películas o videos que te hagan reír o escuchá podcasts de humor.
  • Aprendé a reírte de vos mismo. Encontrar el lado gracioso de tus propias situaciones es una de las formas más efectivas de bajar el estrés.
  • Probá el yoga de la risa. Sí, existe. Se practica en grupo y aunque al principio la risa es forzada, termina siendo espontánea —y funciona igual.
  • Elegí bien con quién pasás el tiempo. Cultivar amistades con personas que te hagan reír es, literalmente, bueno para tu salud.
  • Coleccioná chistes. Tener algunos buenos chistes a mano para compartir es una forma simple de crear momentos de humor con los que te rodean.
  • Cuidado con el humor hiriente. No todo vale. Reírse con alguien es muy distinto a reírse de alguien.

Y si nada de esto te convence, probá algo simple: levantá las comisuras de la boca, forzá una carcajada y fijate cómo te sentís después. Según la Clínica Mayo, incluso la risa fingida tiene efectos positivos en el cuerpo. El cerebro, al parecer, no siempre distingue.

Fuentes: Estudio Effects of laughter on focus and stress in middle-aged adults; Meta-estudio Laughter as MedicineClínica Mayo; Hospital Austral

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