Se acerca el inicio de clases y volver a la escuela suele ser una moneda con dos caras. Por un lado, el entusiasmo por reencontrarse con amigos, estrenar útiles y empezar un nuevo año. Por otro, el nerviosismo y la ansiedad que aparecen cuando se terminan las vacaciones y vuelven la rutina y las exigencias.
Diversos especialistas en salud mental infantil coinciden en que, ante el comienzo escolar, cierto nivel de ansiedad puede ser positivo: ayuda a prepararse para lo nuevo y motiva el aprendizaje. En la mayoría de los chicos, estas sensaciones disminuyen durante las primeras semanas de clases. Para que eso suceda, el acompañamiento de los adultos es clave. Estar atentos, escuchar y observar permite diferenciar un nerviosismo esperable de situaciones que necesitan mayor apoyo.
La ansiedad por los inicios puede ocurrir en cualquier nivel escolar, pero es especialmente frecuente en momentos de transición, como el ingreso al jardín, a la primaria y a la secundaria.
¿Por qué sienten ansiedad?
Entender la causa de la ansiedad es clave para poder ayudar al niño o niña. Algunos chicos se enfrentan a un espacio nuevo, con rutinas desconocidas. Otros saben que el año será más exigente, con más tareas y responsabilidades.
También influyen los cambios sociales: un amigo que ya no está, compañeros nuevos o docentes diferentes. A eso se suma el regreso a un ámbito con más reglas, horarios y límites, muy distinto a la flexibilidad de las vacaciones.
La ruptura de la rutina suele pesar mucho. Volver a madrugar, respetar horarios y adaptarse a nuevas obligaciones puede resultar abrumador, especialmente cuando el cambio es brusco.

Señales de alerta y estrategias para la acción
Los chicos suelen manifestar su ansiedad con berrinches y resistencia marcada al separarse de mamá o papá para ir a la escuela; con dificultades para relacionarse con familiares o amigos; tratando de evitar actividades habituales dentro o fuera del ámbito escolar; y con síntomas físicos recurrentes, como dolor de panza o de cabeza, cansancio excesivo o problemas para dormir solos (en estos casos la recomendación es consultar al pediatra para descartar enfermedades).Estas reacciones no siempre indican un problema grave, pero sí son una invitación a acompañar más de cerca. ¿De qué forma? Aquí algunos consejos.
- Validar sin minimizar. Cuando tu hijo expresa preocupaciones, evitá frases como “No pasa nada” o “No hay de qué preocuparse”. En su lugar, escuchá con atención, validá lo que siente diciéndole, por ejemplo, “Entiendo que te dé miedo empezar”, y transmitirle confianza en su capacidad para afrontar el desafío. Muchas veces los chicos no buscan soluciones inmediatas, sino sentirse escuchados y comprendidos.
- Anticipar y familiarizar. Si la escuela o colegio es nuevo visiten el lugar antes de que empiecen las clases y, de ser posible, conozcan a los docentes. Si la escuela es la de siempre, pasen por la puerta el fin de semana previo al inicio de clases para volver a familiarizarse. En todos los casos, es positivo preparar juntos la mochila y útiles.
- Ajustar rutinas de forma gradual. Una o dos semanas antes del inicio de clases, conviene empezar a adelantar de a poco los horarios de sueño e ir retomando los horarios de la rutina escolar (por ejemplo, la hora de la cena). Otro consejo es preparar juntos la ropa del colegio la noche anterior al comienzo.
- Facilitar los vínculos. Organicen encuentros previos con compañeros conocidos. La presencia de un amigo familiar mejora la adaptación emocional y académica.
- Hablar sobre expectativas. Conversá con tu hijo de manera relajada sobre qué lo entusiasma este año. Evitá sugerir preguntas que lo inquieten como, por ejemplo, “¿Te preocupa cómo te va a ir en matemática este año?”. Para hablar, aprovechá momentos cotidianos, como un viaje en auto o una salida, ya que cuando no hay presión, los chicos suelen comunicar más.
- Trabajar en equipo con la escuela Si tu hijo necesita apoyo extra, avisá en el colegio. Algunas ideas simples son que alguien lo reciba al llegar o asignarle una tarea concreta, como ordenar materiales, ya que tener un rol lo ayuda a sentirse parte.

Lo que los adultos debemos evitar es minimizar el cambio (“No es para tanto”), transmitir nuestro propio estrés y cargar al niño con expectativas desmedidas (“Seguro que este año vas a la bandera”). Por el contrario, compartir experiencias propias del colegio, tanto lindas como difíciles, suele ayudar más que exigir resultados.
¿Cuándo consultar con un profesional?
Si el rechazo a la escuela persiste en el tiempo, los síntomas físicos son frecuentes y no tienen causa médica, y la ansiedad interfiere en el día a día, es hora de consultar a un profesional. Cuanto antes se consulte, más fácil resulta ayudar al niño a recuperar la rutina y la seguridad.
Cada chico tiene su propio ritmo. Escuchar, acompañar y respetar esos tiempos, con estrategias claras y apoyo profesional cuando hace falta, es la mejor manera de transformar la vuelta a clases en un buen comienzo.
Fuentes: Artículos de profesionales de instituciones de salud y asesoramiento para padres como John Hopkins Medicine; Child Mind Institute; Niklaus Children´s Hospital; The Children´s Center; Unicef USA y medios de prensa como Infobae.




