Los animales de compañía son muy importantes en la vida de muchas personas: brindan afecto, reducen el estrés, acompañan en el día y, en el caso de los chicos, enseñan valores como la amistad y la responsabilidad.
Sin embargo, para algunos esa convivencia puede venir acompañada de estornudos, picazón, congestión nasal e, incluso, problemas respiratorios La alergia a las mascotas es más común de lo que se cree y plantea un desafío: se estima que entre el 10 y 20% de la población la padece.
Un dato clave: no es el pelo el verdadero responsable de la alergia. Las reacciones se desencadenan por proteínas presentes en la saliva, la orina y la caspa (pequeñas escamas de piel) de los animales. Estas proteínas se adhieren al pelo y se dispersan fácilmente en el ambiente. Al ser microscópicas y livianas, permanecen suspendidas en el aire, se depositan en muebles, alfombras, ropa y pueden viajar de un lugar a otro, incluso a espacios donde nunca hubo mascotas.
En personas sensibles, el sistema inmunológico identifica erróneamente estas proteínas como una amenaza y reacciona liberando sustancias que generan los síntomas alérgicos.
Los signos más habituales se parecen mucho a los de la rinitis alérgica. Estornudos frecuentes, secreción o congestión nasal, picazón en la nariz y los ojos, lagrimeo y enrojecimiento ocular suelen ser las primeras señales de alerta. En algunos casos, especialmente en personas con asma o predisposición respiratoria, la alergia puede manifestarse con tos persistente, silbidos al respirar o sensación de falta de aire.

¿Qué hacer?
Desde el punto de vista médico, la recomendación principal es reducir o evitar el contacto con el animal que provoca la alergia. Sin embargo, para muchas personas, la mascota es parte del hogar y desprenderse de ella no es una opción.
En esos casos, se pueden tomar medidas para disminuir la carga de alérgenos en el ambiente. Ventilar los ambientes a diario, limpiar con paños húmedos en lugar de barrer, aspirar con filtros HEPA y evitar alfombras, cortinas pesadas y tapizados de tela ayuda a reducir la acumulación de alérgenos.
También es importante limitar el acceso de la mascota a los dormitorios y lavar con frecuencia la ropa de cama y las superficies donde suele apoyarse el animal.
El cuidado de la mascota también influye: cepillarla regularmente (preferentemente al aire libre), bañarla con la frecuencia indicada por el veterinario y limpiar sus camas y accesorios puede marcar una diferencia.
Tratamientos posibles
El tratamiento de la alergia a las mascotas busca aliviar los síntomas y mejorar la calidad de vida. Puede incluir antihistamínicos, aerosoles nasales con corticoides, enjuagues nasales con solución salina y, en algunos casos, medicación específica para los ojos o el asma.
Cuando los síntomas son persistentes y no responden bien a estas medidas, el alergista puede indicar vacunas para la alergia, un tratamiento a largo plazo que ayuda a que el organismo tolere mejor el alérgeno con el tiempo.

Fuentes: Mayo Clinic; Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (Seicap); Fundación Estadounidense para el Asma y las Alergias (AAFA);




